diciembre 11, 2025

Meliponas: las pequeñas guardianas de la biodiversidad cordobesa


En el noroeste de Córdoba, entre el calor del verano y los bosques nativos, habitan unas pequeñas abejas casi invisibles para muchos: las meliponas. Melisa Geisa, bióloga e investigadora, explica que estas abejas nativas sin aguijón son parte esencial del ecosistema local. «Las abejitas nativas sin aguijón con las cuales trabajo e investigo en Córdoba son dos especies que han coevolucionado con nuestros ecosistemas», detalla. Pertenecen a la tribu Meliponini, distinta de la abeja europea (Apis mellifera), y su presencia en la región es un legado de millones de años.

A simple vista, podrían confundirse con moscas debido a su tamaño diminuto —apenas cuatro milímetros— y su color negro. «Son bien chiquitas, peludas como todas las abejas, pero se las suele confundir con una mosquita», aclara Melisa. Sin embargo, su comportamiento las delata: en días calurosos, se acercan a las personas y animales para succionar su sudor. «Les encantan las temperaturas altas, y ese hábito las hace un poco molestas, pero nada tiene que ver con la producción de miel», aclara.

Estas abejas no solo son fascinantes por su biología, sino también por su relación histórica con las comunidades locales. «Argentina tiene 38 especies de estas abejitas, de las cuales entre 14 y 18 son valoradas por comunidades ancestrales», señala Melisa. Su miel, distinta a la de las abejas comunes, ha sido usada por generaciones tanto por sus propiedades medicinales como por su valor cultural. «Las comunidades rurales la usan principalmente para tratar afecciones respiratorias, curar heridas o aliviar problemas digestivos», explica.

A diferencia de las abejas europeas, las meliponas no construyen sus nidos, sino que ocupan huecos en árboles maduros, troncos secos o incluso estructuras urbanas. «En Capilla del Monte registramos nidos en zonas urbanas, en plazas, muros de cementerios y hasta en ventanas de casas», comenta Melisa. Sin embargo, su población está en declive debido a la pérdida de bosques nativos. «Están en grave riesgo por los desmontes», advierte.

Melisa lleva una década estudiando estas abejas, inicialmente con el apoyo de CONICET y ahora desde la Universidad de Misiones. «Cuando empecé, no había bibliografía; las comunidades campesinas fueron mis maestras», reconoce. Su trabajo busca no solo conservar a las meliponas, sino también revalorizar su papel en la polinización y la biodiversidad. «Son patrimonio de todos los cordobeses, pero han sido invisibles en nuestra dieta y cultura», reflexiona.

Una de las mayores sorpresas de las meliponas es su miel. «Es como tener todo el monte nativo en una cucharita», describe Melisa, citando a los campesinos. A diferencia de la miel de Apis, es más fluida, dulce y con un toque ácido. «No se cristaliza, y su sabor varía según la zona: en las sierras es más oscura, en el llano más clara y en el perisalino casi negra», detalla. Este producto era tan valioso que las comunidades originarias lo usaban como moneda de intercambio.

Aunque su cría aún no está regulada en Córdoba, Melisa y su equipo rescatan nidos en peligro. «Cuando llegan leñas con colonias a los aserraderos, las trasladamos a cajas tecnificadas para conservarlas», explica. Invita a la gente a sumarse: «Si encuentran un nido, pueden contactarnos para aprender a cuidarlo o reubicarlo». Las fundaciones Quella (San Carlos Minas) y Santuario Equidad (Pinto) son algunos de los espacios que trabajan en su protección.

Para ayudar a las meliponas, Melisa sugiere pequeños gestos: preservar árboles maduros, dejar troncos secos y plantar flores nativas. «Visitan todos los estratos vegetales, desde hierbas hasta árboles grandes», dice. También destaca su potencial en huertas familiares: «Son excelentes polinizadoras, y su manejo sustentable podría mejorar la producción a pequeña escala».

Más allá de su utilidad, las meliponas representan un vínculo con la historia natural de Córdoba. «Sus nidos en estancias jesuíticas podrían tener siglos de antigüedad», plantea Melisa. Su conservación es un acto de justicia ecológica y cultural. «Estamos perdiendo una especie que siempre estuvo aquí, pero ahora tenemos la oportunidad de hacer algo», concluye.

Melisa cierra con una invitación: «Todos pueden aprender sobre ellas, valorarlas y ayudar a conservarlas». Quienes deseen probar su miel o participar en talleres pueden contactarla en San Marcos Sierras o seguir las iniciativas de las fundaciones mencionadas. Las meliponas, esas pequeñas guardianas de la biodiversidad, esperan ser descubiertas y protegidas por más cordobeses.



Source link